domingo, 26 de abril de 2015

Crónica - Willie Nile - Madrid, abril 2015

- MI ESPAÑOL ES MALO, PERO MI ROCK NO ESTÁ MAL
Con esa frase del título, y gracias a otro concierto pleno de rock, el pequeño gran Willie Nile, volvió a conquistar almas y de nuevo removió sentimientos, esta vez en la sala Hard Rock.
Al anunciar su gira de este año, rápidamente colgaron el "sold out" en Madrid, lo que motivó la osadía de programar otro día, previo a la fecha agotada, retando a eso que algunos aún llaman deporte rey.
Polémicas a un lado, lo importante es que estos tres tipos, el propio Willie, Jorge Otero a la guitarra, y Daniel Montgomery a la batería, suenan de escándalo juntos. Dan la sensación de que el directo que vas a ver, siempre es distinto al anterior. Se entregan al público, y éste corresponde sin reservas.
Willie Nile personaliza, saluda, mira... te da el concierto a ti, y sólo a ti. Sólo hay otro artista capaz de ello... su nombre empieza por Bruce...

Poco importa el orden de las canciones, pero encima lo distribuyen bien. Poco importa cuáles toquen, pero eligen bien. Miento, sí importa. Pero no hay queja.
Arrancar sentado al piano, con "Streets of New York" se puede convertir en costumbre.
Al venir con un nuevo disco absolutamente entero al piano, "If I was a river", todo hacía pensar que éste conformaría la mayor parte del repertorio. No fue así. Dedicó a John Lennon, tras contarnos la historia, el tema nuevo "Lost". Sencillamente espectacular.
Tampoco es la primera vez que escuchamos su magnética versión del "Sweet Jane". Grandes momentos al enlazar "The innocent ones" con "She's so cold". No faltaron himnos como "Vagabond moon", "Love is a train" o "One guitar".
Su hora y cincuenta minutos, supo a poco a cualquiera de los presentes.
Hay detalles que hacen grande a un grupo de rock. Hay detalles que hacen grande a un músico. Ambos detalles invaden el escenario cuando estos tres artistas lo pisan. Siempre lo digo, y lo seguiré repitiendo... El rock es Actitud, sí, con mayúsculas.
Y también es cierto que, por mucho que creamos conocer a un grupo, no conocemos realmente cómo son en su casa, con su gente. Pero... imaginando que conocemos sus verdaderas personalidades... es inevitable coger cariño a Willie. Su paciencia, sutilidad, dedicación, mano izquierda y buen humor, son arrolladores cuando el concierto termina y los fans comienzan su particular acoso al músico.
Hay "rumores" que apuntan a que este neoyorquino es verdaderamente así...
La capacidad de salir victorioso, tanto de un momento íntimo, como de un rockazo, no la tienen muchos. Mr. Nile va sobrado en este tema...
Da igual si estás aburrido, contento, apagado, débil, fuerte, dubitativo... da igual el día de la semana... da igual el lugar... da igual sólo o acompañado... da igual... siempre hay una buena razón para asistir a un concierto de rock, y si es de Willie Nile...más aún.
Nos vemos.

sábado, 14 de marzo de 2015

Crónica - John Nemeth - Madrid, marzo 2015

- BLUES "LIMPIO" CON TOQUES DE SOUL
Conocí a este tipo con su anterior (gran) trabajo, "Name the day". Y el pasado martes pasó por Madrid, por la Boite Live, para presentar su nuevo cd, "Memphis Grease".
Con más de un factor en contra, a priori, (cuándo dejaremos de "contraprogramar", como si nos sobrara el público...en fin...) John Nemeth pegó un imaginario puñetazo encima del escenario "soul-bluesero", arropado por su larga lista de nominaciones (y algún premio conseguido por fin) en su país de origen, Estados Unidos.
Y encima, resultó ser su cumpleaños el día del concierto. Obviamente, bastó una leve provocación, para que el escaso público entonase el correspondiente "Happy Birthday to you".
Gran concierto. Como dice un amigo: "sin fisuras". El excelente sonido hizo brillar la contundencia, claridad y virtuosismo de toda la banda. ¡Qué digo banda... bandaza!
Vaya con el blues de los "blanquitos"...
Venga vale... pondré un pero... Más que nada por aquello de "por pedir que no quede". Eché de menos la presencia de los metales. Habría redondeado aún más el espectáculo.
Quizá por esa falta de sección de viento, no escuchamos uno de mis temas favoritos, "Breakin' free".
Porque eso es precisamente lo que vivimos, un espectáculo. Un buen directo no se logra sólo con un cantante, por muy bueno que sea, y John Nemeth lo es de sobra. Su riqueza, en cantidad y calidad, de registros vocales resulta apabullante. Por no hablar de cómo toca la armónica... Los hay más virtuosos, pero él va al grano, sopla en el momento justo y de la manera exacta para transmitir sentimiento.
Igual que John, el resto de la banda. Son de los que parece que no tocan, no te da la impresión de que puedan hacer lo que hacen. Y te sorprendes una y otra vez pensado: "joder... qué bueno..."
Con la sensación de que el primero que no quería terminar de tocar era el propio Nemeth, y un setlist con más del noventa por ciento de temas propios (en blues es habitual no llegar al sesenta o setenta), completaron dos vibrantes y sentidas horas de concierto. Eso sí, no sin antes recibir con calor el regalo que nos hizo "el cumpleañero" a los asistentes... un blues que toca (según dijo) para él mismo cuando está solo. Gracias John.
Nos vemos.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

A Veces Te LLega Algo De Repente

Imaginad la situación: estás en casa, un día cualquiera, uno de esos días que podría resultar anodino. Y sin saber el motivo, te notas raro.
Esa extrañeza te resulta familiar en el fondo. Realmente llevas ya un tiempo, no mucho, notando esa sensación. Lo que, aparentemente, te debería incomodar, te da bienestar. Raro...
La gente tiene una manía, bastante molesta en mi opinión, que provoca auténticas frustraciones e injusticias. Poner etiquetas, jodidas etiquetas. He pensado sobre ello, y la única explicación que encuentro para ponerlas es para "facilitar el trabajo" en la vida.
"Fulano es tal cosa, me lo ha dicho mi amigo". Y sin más, lo creemos.
Vamos a ver... verdaderamente eso significa "no pensar".
Pues no, hay que pensar. Formarnos nuestras propias opiniones es un poco más costoso, pero infinitamente más maravilloso. Pero claro, nos gusta que nos den las cosas hechas, ¿verdad?... Será por las prisas...
Vivimos atenazados constantemente, por lo que se supone que debemos hacer según nuestra edad y condición social o cultural. Si no sigues ese patrón, pasas inmediatamente a ingresar en la "sección folclórica" de la población.
¿Os dais cuenta de la cantidad de experiencias, charlas, opiniones, viajes y sentimientos que nos perdemos, al vivir así? Una pena.

Decidí vivir según lo que me apetece hacer, intentando no hacer la vida imposible a nadie. El famoso "vive y deja vivir"... Pero la envidia hace que, algunas personas se sientan molestas al verte sonreír.
Añade esta temible frase: "las cosas son así". Si eso fuera cierto, seguiríamos viviendo en cuevas o con el derecho de pernada en pleno auge.
Si unes el miedo a lo desconocido, o lo que es peor aún, el miedo a lo recordado, ya tienes motivos de sobra para convertirte en un borrego o en una ameba. Eso sí, con mala leche encima.

Es arriesgado sí. Pero la vida es riesgo. Y uno de los mayores riesgos es... ser feliz. Eso nos produce verdadero pavor.
Pero... un día te llega algo de repente. Algo que te impulsa a arriesgar. Una vez más, te sacudes los miedos y piensas: "¡pero qué coño!"
Hay que estar fuerte para poder arriesgar, es cierto. No pasa nada. Esta vez es ligeramente distinto. Ahora contemplo la posibilidad de la derrota como parte del juego. Y no me paraliza. La mejor manera de ganar es conocer todas las posibles consecuencias. Gracias a todo ello, me siento capaz, me siento ilusionado y pienso: "dame problemas".
Sí, es verdad, hay problemas, dificultades, soledades, obstáculos, arrugas del alma, puñetazos en el orgullo, incomprensible cerrazón, desprecio, prisas, violencia, llamadlo como prefiráis.
Pero también hay soluciones, compañías, facilidades, buen humor, pausa reparadora, arte en cada esquina, maravillosa apertura mental, coraje incansable, perdón, calidez...

Refugiarse en el trabajo funciona un tiempo. Es como meterse en una burbuja. Te protege del exterior, te evita contacto, riesgos, te ayuda a no pensar... Pero eso termina, o debería terminar, en algún momento.
Qué gusto da trabajar para vivir. Qué desperdicio es vivir para trabajar.
(Hoy no tocaré el tema de la profesionalidad. Os habéis librado, jeje)
El gusto por los pequeños detalles, nos ofrece una riqueza personal inagotable e incalculable. Despeinarte con el viento, dejarse manchar por el barro, sentirte abrumado por la cantidad de cosas que quedan por aprender, contagiarnos de las ganas de seguir luchando, emocionarnos con una sonrisa, notar cómo se abre tu pecho al leer una carta...


Podría continuar enumerando instantes y experiencias, pero entonces significaría que ya no me queda nada nuevo que saborear. Y aún queda mucho.
Un día aparentemente anodino, te das cuenta. Y ese día, estás dispuesto a dar y recibir un abrazo de esos que te traspasan y te envuelven, de esos de más de siete u ocho segundos, de esos que, sencillamente, te completan.
Nos vemos.